CRITICAS
ALGUNOS COMENTARIOS CRITICOS
sobre la obra de JULIO BRAVO
Este joven pintor ha encontrado en el color su aliado expresivo ideal. Por medio de él compone planos, explaya engamados y produce superficies en las que la informalidad de la tendencia no atenta nunca a la de realización. Muy meditadas (sus obras) nos dejan conocer a un joven bien orientado, que crea sus obras sin repentismos, seguramente porque sabe ya que suelen ser muy riesgosos. Pintura con algo de estremecimiento espontáneo; pintura cuyo autor todavía busca, así haya encontrado mucho y bueno.
(…) Más allá de la invención surreal, la muy paciente y metódica “pormenorización” –sus materiales han sido trabajados casi como lacas “a la chinoise”- resulta francamente fantasiosa e inquietante. Imaginativamente perspicaz. Sus pequeños cuadros constituyen una suerte de “proliferación de corales”,dirían Paul Klee o Max Ernst. No hay demasiado de “eventual” en la resolución de estas pinturas que integran la exhibición de Bravo; las siento, sí, con acentuados contenidos de indudable lirismo. (…) Sugerente cosmogonía órfica que agrupa diversos signos del arte moderno, como lo mágico, lo suprarreal y lo primario del “gesto” pictórico.
Dueño de una técnica deslumbrante, Julio Bravo nos presenta algunos de los dibujos de su serie “Imágenes apócrifas del Libro de Enoch”. Como un orfebre fabrica un mundo de laberintos encapsulados, en una sucesión de trazos perfectamente calibrados. Es un mundo que nos remite tanto a la sensación de joya finamente cincelada como a la relación visceral y profunda de otro organismo. Es como un dibujo que se piensa a sí mismo.
Julio Bravo es un artista que ideologiza la Plástica desde adentro; no nos pone el misterio ante los ojos, nos zambulle en él y nos hace mirar desde él. No es fácil entrar en los meandros de este dédalo, tampoco lo es salir.
El más complicado, el más difícil y el más insoluble de los variados problemas que suscitan las entregas gráficas de Julio Bravo, un nombre que no es nuevo, ni tampoco un recién llegado a este denso y extenso matorral de combinaciones visuales, todas ellas nacidas de las aventuras a las que puede someterlas el artista, la dificultad mayor reside, decíamos, en su clasificación, en su denominación genérica. (...)
Que filólogos y lingüistas, que investigadores del lenguaje o aficionados a los neologismos encuentren la denominación cabal. Julio Bravo, con notable inspiración, no poco esfuerzo y empuje cada vez renovado, ha entregado los frutos de su inspiración y de su creación, y sólo caben, ante ellos, la sorpresa y la admiración. (...) Su línea expresa ternura, calidez, elude el menor desborde, respeta las proporciones; en sus trabajos hay orden, limpieza, predominio de la rectitud, disciplina... (...)
Julio Bravo desafía con esta admirable serie de trabajos suyos la facilidad, el adocenamiento, la vulgaridad, lo repetido. Zarpa él también, en su propio viaje de descubrimientos, por un mar que tantos son los que han surcado, en búsqueda de una luz insólita, fulgente, nueva.
Julio Bravo nos lleva al “Camino de Santiago”. (Serie “Evocaciones y Prodigios del Camino de Santiago”).
(...) El tema no podía dejar indiferente a Julio Bravo, uno de nuestros jóvenes artistas plásticos más inquietos y emprendedores, quien ha trabajado en esta muestra y ha conseguido revivir, con una técnica personal y muy acertada, el carácter ingenuo de la pintura y escultura románicas, con temas vinculados a la “ruta jacobea”, cuyo recuerdo vive radiante en su arte... (...)
Julio Bravo ha respetado escrupulosamente los rasgos de estilo vigentes en épocas pretéritas: elige una sola gama, y mediante un detallado y muy paciente trabajo van surgiendo, con sabor a haber sido custodiadas por solícitos siglos, sus imágenes. (...) Por doquiera un reconfortante clima de piedad mansa, franciscana “avant la lettre”; unción, bondad, esperanza. A todos estos sentimientos Julio Bravo ha sabido darles la expresión exacta; su obra, tan valiosa artísticamente, lo es también desde un punto de vista costumbrista. Esos hombres, esas mujeres, esos niños, aunque no se les vea, se sabe que los impregna un polvo de siglos, que han fortificado su fe y sus creencias.
De todo esto, y de muchísimo más, nos habla elocuentemente esta magnífica exposición.
Pompei-Una aproximación al Erotismo
Los juegos de simetrías y los espejos, la fusión de los cuerpos y las anamorfosis, la clonación, las transparencias, la interpenetración; la comedia de los sexos.
De los monumentos fálicos de la antigua Grecia, a los dibujos eróticos de Picasso; de los huacos del Perú, a “El origen del mundo” de Courbet; del rostro de éxtasis de la Santa Teresa de Bernini, al autorretrato desnudo de Durero; de los sexos de mujer de Rodin, a los monumentos eróticos de la India; de las figuras deformes de Bacon, a las partes sexuales multiplicadas de Warhol.
Historia del erotismo en el arte. En esa tradición se inscribe esta muestra de Julio Bravo.
Con su talento inagotable, y su forma de trabajo minuciosa y tenaz, Julio opera en el límite entre dibujo y pintura, pero sin dejar de introducir –a la vez- las nuevas tecnologías. (...)
Ángeles con sexo; desnudos con alas. Doble tensión entonces: sacralización y desacralización enlazadas en una paradoja. Desacralizar el ángel (ya que tiene sexo). Pero a la vez, sacralizar el desnudo (ya que tiene alas).
Pompei: sofisticación ciudadana, alegoría de nuestros días, mitologías del presente.
Homenaje al pasado, a través de la estética de los cuerpos actuales. Homenaje también a la pintura, a través de la insistencia en alguna de sus principales figuras o escenas. Homenaje –por fin- al cuerpo de la pintura o, más precisamente, a la obra de arte como zona erógena, como piel dotada de la capacidad para producir(nos) excitabilidad y placer. (...)
Ahora bien, la exposición de estas obras de Julio resulta audaz aún en nuestra época. (...)
Lo erótico es toda actividad en la que se busca placer y goce. No sólo el acto sexual sino en toda práctica teñida por las pulsiones sexuales, en las que puede recuperarse un residuo de las llamadas pulsiones pregenitales como el placer por ver, oir, tocar, olfatear, saborear, moverse, y también el goce intelectual (goce de la palabra y de la reflexión).
Por eso, creo, que estas obras aquí expuestas, nos flexionan, nos hacen re-flexionar; nos mudan, nos dejan casi mudos, nos anudan, nos des-anudan, nos des-nudan... Y, atención: en tanto que espectadores, nos cuestionan como sujetos de goces posibles, alguno que secretamente nos convoca.
Recordamos, con Georges Bataille, filósofo, que el erotismo es la aprobación de la vida hasta la muerte.
Por todo eso, gracias Julio, por permitirnos gozar de tus obras.
“La obra de Arte como zona erógena”.
“POMPEI, una aproximación al Erotismo” – Instalación y Performance
La presente exposición está integrada por una serie de pinturas y la ambientación creada con ellas y con la intervención en vivo de una pareja humana unida por telas envolventes (y un objeto a la manera de una cuna-cama central) así como una música que le da relieve en un marco escénico tratado con efectos de luz. Se trata de una ambientación-performance concebida como una creación multimediática que busca ampliar las capacidades perceptivas del contemplador y llevarlo a una participación más plena y activa.
Este conjunto de elementos configura un espacio de intensidades afectivas, en torno a una vivencia erótica de la pareja humana bajo la denominación de “Pompei” –una aproximación al erotismo-. Responde a la idea dominante del artista acerca de la “obra de arte total” que integra lenguajes y medios diversos en una unidad temática.
Esta creación de Julio Bravo se inscribe en la rica tradición del arte erótico, que tanto en Oriente como en Occidente ha creado obras perdurables a través del tiempo. Las alusiones directas e indirectas al goce erótico que se hallan en la obra pictórica presentada por este artista así como el efecto creado por los demás recursos expresivos de la muestra, establecen un punto de encuentro entre ambas experiencias: la estética y la erótica…
Por eso puede decirse que esta exposición es, a la vez, un ensayo y una demostración como parte de una búsqueda tanto sensible como reflexiva.
Sobre “Un Pequeño Vienés”.
Julio es un artista consumado. Su obra es madura; plena de gracia y sugerencias. Así aborda y recorre (con igual maestría) una multiplicidad de lenguajes artísticos: la pintura, el dibujo, lo digital, las instalaciones, la performance. Y creo que esa diversidad de lenguajes, se intersectan, dialogan, se nutren y se fecundan entre sí. Lo que permite inteligir, por otra parte, esa inscripción, esa extraña conjunción en su obra, de esas marcas de tensión entre un cierto clasicismo y una profusión o exhuberancia neobarroca. (…)
En esta oportunidad, nos muestra su Serie “Un Pequeño Vienés”, sobre un poema homónimo del gran poeta español Federico García Lorca. Un poema con acentos surrealistas de su obra “Poeta en Nueva York”.
Julio trabaja aquí con técnicas mixtas: tintas, acuarelas, hay partes digitalizadas, pastel, collage, en un trabajo compositivo de fragmentación y montaje.
Pero atención: Julio no hace ilustración. Él no ilustra el poema (no es el salón de poemas ilustrados). No recrea. Utiliza el poema para hacer el poema. El poema de la obra visual. No recrea, crea. Toma el poema como materia prima de su propia creación, siendo ésta a la vez, testimonio y homenaje. (…)
Un trabajo compositivo riguroso. Condensación onírica. Un exquisito trabajo con los contrastes –entre colores, entre formas-, subrayado a veces, en pequeñas zonas del cuadro, en el pequeño detalle. Una paleta de colores vivos, despiertos, más vibrantes que en series anteriores. Organicidad, y un diálogo de texturas donde la imagen juega, se pliega y se despliega, se esconde y se revela, se entrelaza, nos entrelaza. (…)
La obra de arte como escritura; al menos tres:
La escritura del lenguaje visual; la escritura poética verbal –esos fragmentos de textos diseminados por la obra-; la escritura musical puesta allí como partitura para quien sepa leerla; en efecto, en cada una de las obras, una partitura de los valses vieneses.
La obra de arte como escrito nos sitúa no sólo como espectadores o receptores (de la obra) sino también en el lugar de un lector múltiple, complejo, convocado por la sorpresa y el enigma.
Libros abiertos, libro de ojos abiertos: la pintura como libro. Libros de viajes, la mirada como recorrido: la pintura, la obra, como viaje y aventura. Aventuras de la Historia del Arte.
Así, en la obra de Julio Bravo, nos sorprendemos a cada paso con sus claves más distinguidas:
Las deformaciones anamórficas (Holbein), como esas calaveras en su insistencia junto al desnudo.
El espejo, ventana y puerta, como la obra misma (Carroll).
El espejo convexo, “nuestra cama de la luna” (García Lorca) o gota de agua que refleja el mundo (Escher). El espejo frente al espejo y es ya lo infinito (Borges).
Un personaje sale del espejo del agua para introducirse en otro espejo. Otro está en el borde mismo del espejo como atrapado entre dos mundos. Una puerta puede estar situada en el horizonte mismo del cielo ¿Quién puede abrirla?
Tampoco falta el cuadro en el cuadro (Velázquez), su metamorfosis continua y sus oposiciones entre el espacio de lo real y el espacio de la ficción. Ficción que –nos dice Lacan- tiene siempre una estructura en la que emerge alguna verdad.
La obra de arte es no sólo intertexto sino también hipertexto, polifonía, ventana a lo real.
Lo cual nos conmueve como espectadores y nos sorprende y enriquece.
Por eso, ¿cómo nombrarte y a la vez agradecerte y devolver algo de tu generosidad?
Sólo decirte: ¡Bravo Julio!
Recuerdos perdidos de un Paraiso arruinado
El papel es el soporte por excelencia que la historia ha testimoniado por la perdurabilidad de la fibra como cimiento de la grafía y el color. A través de su propuesta plástica, Julio Bravo interpreta lo que puede suceder si no tomamos conciencia de los valores del planeta. Los tres reinos de la naturaleza, vegetal, animal y mineral, están en peligro. Eso está evidenciado a través de los diversos fragmentos donde muestra esas maravillas que el hombre depreda inconscientemente. La propuesta de advertencia sobre el cuidado de nuestro medio ambiente es directa y carece de dudas al respecto. Quizá sea esta conciencia del creador plástico, aquel que sabe cómo cuidar tal legado. Haciendo una advocación resume su interés en estos reinos. En su Serie “Recuerdos perdidos de un paraíso arruinado”, apreciamos los fragmentos que indican cómo cada grupo ofrece sacrificios a manos de aquellos que no pueden respetar, sino más bien destruir un maravilloso paraíso. Sus figuras aparecen en una unidad que expone a través de dípticos, donde reúne visiblemente los seres que pueden desaparecer o verse sometidos a la degradación. El color, la materia, la textura, hablan por sí solos y, en conjunto, forman un elemento compositivo bien equilibrado. El artista conoce profundamente su lenguaje y lo articula con sabios principios.
La noche más larga.
Al aproximarse a esta Serie (La Noche más Larga), un atrapante efecto de fugacidad puede venir a acrecentarse con la profundidad de su contemplación. Se trata de la magnífica rapidez de dos imágenes que generan un gran enigma. Por ejemplo, en una de ellas asistimos, como un torbellino acaso, al recorrido que va entre la instalación de una estructura perfecta hasta su destrucción. Pronto estas placas metálicas serán ruinas tecnológicas. Un rostro se fragmenta, el autor-espectador capta la mirada panorámica, una suerte de atalaya de cara a la construcción que se cierne hacia el fondo, como devorada por un huracán. Su mirada profunda y reflexiva prima en el conjunto. En otra obra, el entramado cromático a modo de fractal deviene infinito, haciendo resaltar los reflejos en yuxtaposiciones que hacen de estructuras repetitivas, diamantes multiplicados en cadmios. Trabajando las figuras a partir de cierto código o patrón repetido cuantitativamente, surge, en una lógica paralela, la virtud cualitativa.
Julio Bravo se desprende de la materialidad de la pintura y trabaja con la técnica mixta digital para crear formas que son atravesadas por la luz y vibran en armoniosa grandeza.
La noche más larga – Instalación y performance
Julio Bravo es un reconocido artista que se manifiesta a través del lenguaje contemporáneo del Arte. Si bien crea obras digitales bidimensionales, también sale al espacio por medio de la Performance y la Instalación. Esto va más allá del “cuadro como ventana”, un concepto que, proveniente del Renacimiento, aún practican muchos pintores hoy en día. Para Julio, la expresión artística es obra total que se extiende tanto sobre las paredes como en el espacio circundante.
Cuando presentó “La noche más larga” en el Museo de Artes Visuales Víctor Roverano de Quilmes, se valió de la Instalación, la Performance y el video rodeado de obra gráfica (presentada oportunamente en la Galería Ursomarzo, de la Ciudad de Buenos Aires). La simultaneidad de estímulos visuales se asemeja a la intensidad de acontecimientos que se presentan en la vida. Como lo expresó Walter Benjamín: “La vida vale la pena vivirla aún a riesgo de perderla”. Así, el espectador podía contemplar las obras sobre las paredes y comprometer su cuerpo en torno a la Instalación. Diferentes materiales refulgentes y espejos envejecidos se extendían en el espacio, y los haces puntuales sobre la figura suspendida acentuaban el diálogo imaginario sobre la imposibilidad de alcanzar la felicidad. Luz, oscuridad, transparencias, reflejos, superposiciones se imponían al ojo del contemplador, intimándolo a sentir y a pensar el Arte.
Inflexión-Reflexión
La presente constituye la obra más conceptual en la trayectoria artística de Julio Bravo. Esta intervención/instalación consta de dos imágenes que se proyectan y nos invitan a interpretar múltiples guiños. Desde el título se plantea la inflexión-reflexión para ingresar al entrecruzamiento de conceptos emblemáticos. El ser y la nada remite a la obra de Sartre; luego se toma como eje a Malévich, creador del Suprematismo, vanguardia rusa fundamental en el arte del siglo XX, sumando la cita “el lenguaje es un virus”, tomada de William Burroughs, figura perteneciente al grupo de intelectuales de la escena estadounidense contracultural de los años sesenta. El vacío suele provocar miedo y rechazo; pero ¿de qué modo se proyecta este miedo en la creación artística? Todo en la vida es finito; se suele pensar que quienes crean buscan la trascendencia a través de su obra. Sin embargo, sucede también con las tradiciones que mutan con las épocas y es inútil aferrarse al pasado. La idea de ser es inmutable contra la de estar, en constante movimiento. Estancamiento – cambio pendular; tradición y renovación están en puja. Julio Bravo utiliza grandes referencias para generar una intertextualidad y componer, desde el cruce de lo visual y lo gráfico, con un lenguaje que ya es entendido como un virus que hace mal a la salud; ya que el arte, como todo lo que habita bajo el sol, también está sometido al paso del tiempo.
“Fragmentos de un Falso Futuro”. El diálogo entre el pasado y el presente en la obra de Julio Bravo
En un atardecer de invierno, en el corazón de la ciudad se gestaba un encuentro único para los amantes del Arte. Julio Bravo, reconocido artista plástico, profesor y licenciado en Bellas Artes, sedispuso a inaugurar su esperada exposición. Sin embargo, antes de adentrarnos en el fascinante mundo de sus obras, el Maestro nos invitó a sumergirnos en una conferencia magistral. (…) La conferencia sentó las bases para comprender la Serie de obras titulada “Fragmentos de un falso futuro (après P. della Francesca)” que se presentaría en la exposición.
Julio Bravo es conocido por su estilo fragmentario, donde formas ambiguas o claramente reconocibles se entrelazan y se superponen con un dominio compositivo invisible pero riguroso, logrando un equilibrio perfecto en cada obra. Esta Serie en particular destaca por la incorporación de planos llenos de color, lisos o texturizados, que potencian la imagen global y le otorgan una contundencia visual impactante.
En “Fragmentos de un Falso Futuro”, Bravo establece una clara referencia al artista renacentista italiano Piero della Francesca (1415?-1492). Algunos de los personajes representados en los murales de la Catedral de Arezzo, que narran la Historia de la Verdadera Cruz o “la leyenda áurea”, aparecen parcialmente en las obras de Bravo. Estos personajes se fragmentan, se clonan y se distorsionan, creando una relación como articulación con el resto de las formas presentes en cada obra.
Esta interacción entre los elementos de la obra genera una imagen global que invita al espectador a adentrarse en el mundo interior que el autor presenta. De esta manera, el espectador se convierte en un creador yen un espectador creativo, capaza de interpretar la obra de múltiples maneras. Cada espectador puede tener una lectura personal y única de cada obra, enriqueciendo así el diálogo entre ambos.
Es importante destacar que esta apertura a la interpretación múltiple de la obra es uno de los aportes más significativos del Arte desde principios del siglo XX, conocido como el “arte moderno” o las tendencias de vanguardia. Ya no existe una única interpretación excluyente de la obra, sino que esta se abre al diálogo con aquellos que la observan con atención.
El uso del color es otro aspecto que Julio Bravo domina con profundo conocimiento. No teme experimentar con contrastes extremos, pero siempre con límites precisos para que lo cromático no opaque al resto de los elementos de la composición. La audacia y la precisión se equilibran de manera exquisita. El color, al igual que las formas, se trabaja con técnicas mixtas, fusionando materiales y técnicas tradicionales como acuarelas y tintas con variantes digitales.
Todos estos elementos se amalgaman en la Serie “Fragmentos de un Falso Futuro”, creando un enigma que nos invita a reflexionar. ¿Es posible que el artista visualice un futuro? ¿Y si ese futuro es falso? ¿Acaso los personajes de Piero della Francesca nos adelantaron fragmentos de él desde el pasado? Estas preguntas y muchas más se plantean ante las obras de Bravo, desafiando a los espectadores a buscar respuestas en su propio diálogo con sus creaciones.
El Arte, en su enigma y misterio, nos rescata de la realidad y nos transporta a otras dimensiones donde las reglas son distintas. Es por eso que el Arte es universal y siempre nos seduce. Julio Bravo, a través de su Serie tan particular, nos invita a adentrarnos en ese mundo fascinante donde el pasado y el presente convergen en una exploración estética sin límites.
Sobre la Serie “Alpha y Omega”
Julio Bravo es un artista con una amplia trayectoria que siempre sorprende en cada presentación. Nacido en Quilmes, Julio Bravo se une, por su calidad pictórica, a la tradición de los grandes pintores quilmeños, como Aldo Severi y Manuel Oliveira, entre otros.
Aquí exhibe trabajos realizados en técnicas mixtas y digitales de la Serie que tituló: “Entre Alpha y Omega”. Estas letras representan el primero y el último signos del alfabeto griego antiguo. Aluden tanto al Principio y el Fin como al porvenir, y al don para el talento y las virtudes que los individuos pueden desarrollar. En la primera obra de la Serie, “Alpha”, predominan las tonalidades ígneas en su lucha por diluir lo pétreo. Hay sombras de contornos humanos que al igual que en el Mito de la Caverna de observan lo que destaca la intensidad de la luz. Para los creyentes, Dios es el Alpha y Omega la creación. En la religión católica, la expresión “el Alpha y el Omega” se asocia al Señor como principio y fin de todas las cosas. El libro del Apocalipsis (1:8) habla del que es y que era y que ha de venir. Por tratarse de la letra inicial del alfabeto griego, “Alpha” suele indicar el comienzo de una cosa. De igual forma, “Omega” denota el final. Aquí, observando las interesantes obras de Julio Bravo podemos interpretar la imagen como la alusión al Paraíso ya creado, donde el pájaro caído alude a lo que no sobrevivirá. En este sentido, contemplar “Alpha” y “Omega” se ofrece como la posibilidad de meditar sobre el comienzo y el final de nuestra precaria existencia.
Julio Bravo y sus Paisajes Iconoclastas
Julio Bravo es un notable artista nacido en Quilmes, de amplia formación académica que pese a su juventud ya es un habitué de las Galerías de Arte de Buenos Aires y ha participado en exposiciones en nuestro país y en el exterior. Uno de los más destacados creadores de su generación (en referencia a los artistas nacidos en su ciudad natal, cuna de importantes pintores que nacieron o la adoptaron como residencia, desde nuestro primer artista argentino Carlos Morel, hasta Aldo Severi, de larga trayectoria nacional e internacional (quien estuvo presente en la inauguración).
En esta oportunidad, Julio Bravo vuelve a exponer en su ciudad natal (y deseamos que en el futuro lo haga asiduamente) luego de varios años, y lo hace invitado por el Colegio de Abogados de Quilmes, que puso a su disposición dos plantas de su amplia sede para albergar sus obras (la mayoría de gran tamaño) de su Serie “Paisajes Iconoclastas”, y dando una “vuelta de tuerca” más, pues nos ha sorprendido en la inauguración con una PERFORMANCE sofisticada y notable.
En cuanto a sus obras (algunas óleos, otras acrílicos), nuestro artista se muestra como un experto colorista; construye con un finísimo tratamiento pictórico, superficies de exquisita calidad plástica, combinadas con texturas que enriquecen aún más ese mundo de tramas donde las pinceladas juegan también un muy importante rol. Superficies abstractas que hacen referencias a mundos forestales, focalizados con mayor o menor acercamiento, pero nunca vistos naturalmente, cual ampliaciones de fotografías aéreas que muestran la esencia del paisaje natural….
Y en relación a la Performance inaugural, podemos decir que no habíamos visto nunca una experiencia inmersiva de esta calidad artística en nuestra ciudad. Bravo supo utilizar y explotar a la perfección la amplitud de las dos plantas que se dedican en el edificio a exposiciones, jugando con la conexión visual entre ambas que brinda el espacio de la escalera, en el que circularon los actores entre el numeroso público presente, descubriendo las obras en el momento del evento (no estaban hasta ese instante visibles al público), y un abanda sonora original realmente sorprendente; todo en lo más alto de la escala de calidad. Evento que fue filmado para quedar registrado para el future.
Así, Julio Bravo ha regresado a su ciudad natal a lo grande, mostrando junto a su madurez artística su capacidad para moverse cómodamente en experiencias estéticas de multimedia dándole su sello absolutamente personal.
Sin dudas, acercarse a estos “paisajes iconoclastas” es una experiencia que permite al espectador convertirse en partícipe de la creación, a través de su propia vision y experiencia. Eso es en definitive, la experiencia artística.
